¿Qué es el apego y cómo influye en nuestras relaciones?
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Ivet Vidal. Psicóloga infanto-juvenil. Psicoterapeuta familiar y de pareja.
Publicado
21 de julio de 2026
Bibliografía
Artículos/descubrimientos de Ainsworth, 1970
Artículos/descubrimientos de Bowly, 1976, 1983, 1988
Hay personas que necesitan muchas muestras de cariño para sentirse tranquilas en una relación. Otras, en cambio, sienten la necesidad de alejarse cuando alguien empieza a implicarse demasiado. Algunas viven las discusiones con mucho miedo y otras prefieren evitar cualquier conflicto.
Si alguna vez te has preguntado por qué reaccionas de una determinada manera en tus relaciones, conocer tu estilo de apego puede ayudarte a encontrar muchas respuestas.
En consulta, comprender cómo nos vinculamos con los demás suele marcar un antes y un después. Porque muchas veces dejamos de pensar "¿Qué me pasa?" para empezar a preguntarnos "¿Qué aprendí para reaccionar así?".
Y ese cambio de mirada lo cambia todo.
¿Qué es el apego?
El apego es el vínculo emocional que desarrollamos con las personas que nos cuidan durante los primeros años de vida. Es el sistema que nos impulsa a buscar cercanía, protección y consuelo cuando sentimos miedo, dolor o inseguridad.
No hablamos simplemente del cariño que sentimos por alguien. El apego es una necesidad biológica que nos ayuda a sobrevivir desde el momento en que nacemos. Dependemos de otras personas para alimentarnos, protegernos y regular nuestro malestar. Por eso, nuestro cerebro está preparado para buscar su proximidad cuando nos sentimos vulnerables.
Durante los primeros años de vida, cada vez que un bebé llora, busca contacto, sonríe, se aferra o reclama la presencia de quien le cuida, está activando su sistema de apego.
¿Cómo se forma nuestro estilo de apego?
Para que un niño desarrolle un apego seguro no basta con que su cuidador esté presente físicamente. También necesita sentirse protegido, consolado y comprendido cuando algo le asusta o le desborda.
Esto no significa responder perfectamente a todas sus necesidades. Ningún padre o madre puede hacerlo. Lo importante es que exista una disponibilidad emocional suficiente: un adulto que, la mayor parte del tiempo, pueda ayudar al niño a recuperar la calma cuando la pierde.
A través de cientos de pequeñas experiencias cotidianas, el niño va construyendo una idea sobre cómo funcionan las relaciones. Aprende si puede confiar en los demás, si sus necesidades serán escuchadas o si tendrá que afrontarlas solo.
Ese aprendizaje acaba convirtiéndose en lo que conocemos como estilo de apego.
El apego no desaparece cuando nos hacemos adultos
Aunque el apego empieza a desarrollarse durante la infancia, la forma en que aprendimos a buscar seguridad suele acompañarnos también en la vida adulta.
Puede influir en cómo vivimos una relación de pareja, cómo afrontamos los conflictos, cómo expresamos nuestras emociones, cómo ponemos límites o en la facilidad que tenemos para pedir ayuda cuando la necesitamos.
Esto no significa que nuestra infancia determine por completo quiénes somos. A lo largo de la vida vivimos nuevas relaciones y experiencias que también pueden transformar la manera en que nos vinculamos.
Conocer nuestro apego no consiste en buscar culpables, sino en comprender el origen de algunos patrones que hoy siguen apareciendo en nuestras relaciones.
¿Qué estilos de apego existen?
No todas las personas aprendemos a relacionarnos de la misma manera.
En psicología hablamos de cuatro estilos de apego:
Cada uno representa una forma distinta de buscar seguridad en las relaciones. Ninguno aparece por casualidad: todos son estrategias de adaptación que tuvieron sentido en un momento determinado de nuestra historia.
En los próximos artículos iremos descubriendo cada uno de ellos con más profundidad para entender cómo se manifiestan en la vida adulta.
¿Por qué merece la pena conocer tu estilo de apego?
Conocer tu estilo de apego no sirve para ponerte una etiqueta.
Sirve para entender por qué algunas relaciones te hacen sentir tranquilo y otras despiertan un gran miedo. Por qué quizá necesitas mucha cercanía, te cuesta confiar, evitas mostrarte vulnerable o sientes una gran angustia cuando alguien importante se aleja.
En terapia solemos explorar cómo fueron esos primeros vínculos y de qué manera siguen influyendo hoy en tu forma de relacionarte. No para cambiar el pasado, sino para comprender el presente y empezar a construir relaciones más seguras.
Una buena noticia
Quizá mientras leías este artículo has pensado en tu pareja. O quizá has pensado en ti.
Sea como sea, recuerda algo importante: el apego no habla de personas rotas o defectuosas. Habla de personas que aprendieron a protegerse de la mejor manera que supieron en ese momento de su vida.
Y, por suerte, aquello que aprendimos también puede transformarse.
En el siguiente artículo conocerás cuál es el apego seguro y cómo puede influir en la forma en que nos relacionamos con los demás.