top of page

¿Se puede cambiar el estilo de apego? Cómo sanar un apego inseguro

8 min

Ivet Vidal. Psicóloga infanto-juvenil. Psicoterapeuta familiar y de pareja.

Publicado

24 de julio de 2026

Bibliografía

Artículos/descubrimientos de Ainsworth, 1970

Artículos/descubrimientos de Bowly, 1976, 1983, 1988

Si has llegado hasta aquí después de leer los artículos anteriores, probablemente ya hayas identificado cuál es tu estilo de apego o, al menos, algunas de las dificultades que aparecen en tus relaciones.


Y es posible que ahora te estés haciendo una pregunta muy importante:


"¿Voy a relacionarme así toda la vida?"


La respuesta es: no necesariamente.


El estilo de apego no es una etiqueta ni una condena. Es una forma de relacionarnos que aprendimos a lo largo de nuestra vida, especialmente durante la infancia, porque fue la mejor estrategia que encontramos para adaptarnos a las experiencias que vivimos.


Y, del mismo modo que se aprendió, también puede transformarse.


Eso no significa que un día desaparezcan todos nuestros miedos o que dejemos de sentir inseguridad. Significa que podemos aprender nuevas formas de relacionarnos que nos permitan vivir los vínculos con mucha más calma y confianza.


El apego seguro también se aprende


Cuando hablamos de apego seguro muchas personas imaginan a alguien que nunca tiene dudas, nunca siente miedo y siempre sabe cómo actuar en una relación.


La realidad es muy diferente. Las personas con apego seguro también pueden sentirse heridas, enfadarse o atravesar momentos de inseguridad.


La diferencia es que no interpretan automáticamente un conflicto como una amenaza para la relación.


Han aprendido que una discusión no significa necesariamente una ruptura, que expresar una necesidad no implica ser rechazados y que pedir ayuda no les hace depender de la otra persona.


En definitiva, el apego seguro no consiste en no tener heridas, sino en haber aprendido que las relaciones también pueden ser un lugar seguro donde repararlas.


Las relaciones pueden convertirse en una experiencia reparadora


Aunque nuestras primeras relaciones son muy importantes, no son las únicas que influyen en nuestro estilo de apego.


A lo largo de la vida seguimos creando vínculos con amigos, parejas, familiares e incluso con profesionales que pueden ofrecernos experiencias diferentes a las que conocimos durante la infancia.


Cuando una persona descubre, una y otra vez, que alguien está disponible, que cumple lo que dice, que permanece después de un conflicto y que no desaparece cuando las cosas se complican, poco a poco empieza a cuestionar las creencias que había construido sobre las relaciones.


No suele ser un cambio repentino, al contrario, requiere esfuerzo, constancia y voluntad. También requiere comenzar a relacionarnos con personas que nos hagan bien.


Es una transición que ocurre gracias a muchas experiencias pequeñas que, repetidas en el tiempo, generan una sensación de seguridad que antes no existía.


¿Puede una pareja ayudar a sanar un apego inseguro?


Sí, aunque con un matiz importante. Una pareja no tiene la responsabilidad de sanar las heridas emocionales del otro.


Sin embargo, una relación sana sí puede convertirse en un contexto donde resulte más fácil desarrollar un apego cada vez más seguro.


Por ejemplo, una persona con apego ansioso suele vivir con un gran miedo al abandono. Cuando su pareja comunica con claridad, cumple lo que promete y responde de forma consistente, esa incertidumbre empieza a disminuir.


Por otro lado, una persona con apego evitativo puede descubrir que necesita momentos de distancia sin que eso implique perder la relación. Cuando la otra persona entiende esa necesidad y no responde desde la persecución o el reproche, el espacio deja de convertirse en una amenaza para ambos.


No buscamos parejas perfectas y sin conflictos.


Buscamos relaciones donde ambas personas puedan sentirse suficientemente seguras para expresar lo que necesitan.


Aprender a comunicar las necesidades


Uno de los cambios más importantes cuando una persona empieza a desarrollar un apego más seguro tiene que ver con la comunicación.


En las personas con apego evitativo, por ejemplo, suele ser muy útil aprender a expresar la necesidad de espacio antes de desaparecer.


En lugar de alejarse sin decir nada, puede comunicar:


"Necesito un poco de tiempo para ordenar lo que siento. No es porque haya dejado de quererte ni porque quiera terminar la relación. Me ocurre cuando me siento sobrepasado, pero quiero cuidar este vínculo."


Un mensaje así reduce enormemente la incertidumbre de la otra persona y evita que la distancia se interprete como un abandono o un desinterés.


En el caso del apego ansioso ocurre algo parecido. Muchas veces la necesidad de cercanía aparece disfrazada de enfado, reproches o discusiones.


Sin embargo, debajo de todo eso suele haber una petición mucho más sencilla:


"Necesito sentir que sigues ahí."


Aprender a expresar esa necesidad de forma directa puede cambiar por completo la dinámica de la relación.


Frases como:


"¿Podemos hablar? Me he quedado inseguro con lo que ha pasado."


"Hoy necesito un abrazo."


o

"Me gustaría verte esta semana porque te echo de menos."


permiten buscar conexión sin recurrir a estrategias que, sin querer, suelen generar más distancia.


El papel de la terapia


Aunque las relaciones pueden convertirse en una fuente de reparación, muchas veces nuestros patrones de apego están tan automatizados que resulta difícil modificarlos sin ayuda.


Generar un vínculo seguro con tu terapeuta es una forma de experimentar una relación sana.


No se trata únicamente de entender qué es el apego de forma teórica. Si no de vivir un vínculo en un espacio seguro donde puedas expresar tus emociones sin sentir vergüenza, poner límites sin miedo a ser rechazado y descubrir que la cercanía no tiene por qué implicar perder tu autonomía.


Con el tiempo, estas experiencias reparadoras también transforman la forma en que nos relacionamos fuera de la consulta y se expanden a tu círculo cercano.


Un último mensaje


Si hay una idea con la que me gustaría que terminaras esta serie de artículos es esta:


Nuestro estilo de apego explica muchas cosas de cómo nos relacionamos, pero no determina nuestro futuro.


Comprender nuestros patrones es el primer paso para poder cambiarlos.


Y aunque ese proceso requiere tiempo, práctica y, en muchas ocasiones, acompañamiento terapéutico, merece la pena.


Porque llega un momento en el que las relaciones dejan de vivirse desde el miedo y empiezan a convertirse en un lugar donde descansar.


Sanar el apego no significa dejar de sentir inseguridad para siempre. Significa que, poco a poco, dejamos de necesitar protegernos constantemente y empezamos a relacionarnos con más libertad, autenticidad y tranquilidad.

bottom of page