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Maternidades disidentes: cuando tu forma de cuidar no tiene nombre

5 min

Ivet Vidal

Publicado

19 de octubre de 2026

Bibliografía

Soy Ivet Vidal, psicóloga y fundadora de Me Siento Contigo. Hace unos años empecé a formar parte de una familia que no seguía el guion de siempre, y viví en primera persona una maternidad sin nombre. Lo conté en Habitando un lugar sin nombre. La verdad es que busqué referentes, grupos y lecturas, y no encontré a nadie que contara algo parecido a lo que yo sentía. De ahí nace buena parte de lo que hago hoy: acompañar como me habría gustado que me acompañaran.


Qué es una maternidad disidente


Hablamos de maternidad disidente cuando la forma de ser madre se sale de la norma: no hay embarazo, o no hay pareja, o hay más de dos figuras de cuidado, o el vínculo llega a mitad de camino. Por ejemplo:


  • Quien se une a una familia en la que ya hay hijas o hijos y se implica en su crianza.

  • Quien decide maternar en solitario.

  • Quien ha gestado a su bebé gracias a la donación de óvulos.

  • La madre no gestante en una pareja de dos mujeres.

  • Quien adopta o acoge.

  • Quien cría en tribu, con abuelas, tías o amistades que también cuidan.


Lo que tienen en común no es la forma, sino una sensación: la de cuidar desde un lugar que el entorno no sabe nombrar.


Lo que se suele sentir


  • Estar en tierra de nadie. No eres la madre biológica, «madrastra» te suena a cuento y «la pareja de papá» se queda corto. Sin una palabra cuesta saber qué lugar ocupas, y también explicárselo a los demás.

  • Una inseguridad que crece con el vínculo. Parece contradictorio, pero cuanto más quieres a esa criatura, más miedo da equivocarte, invadir un lugar que no es tuyo o no estar a la altura.

  • Invisibilidad. Cuidas, acompañas y te desvelas, y aun así tu papel no aparece en el colegio, en el médico ni en las comidas familiares. Lo que no se nombra cuesta que se reconozca.

  • Soledad. Los grupos de acompañamiento a la crianza hablan de otra realidad y no encuentras historias que se parezcan a la tuya.

  • Adaptarte a una historia que empezó antes. Llegas a una familia con sus rituales, sus costumbres y, a veces, sus duelos. Encontrar tu sitio sin borrar lo que había lleva tiempo.


Si te reconoces en alguna de estas sensaciones, no es que lo estés haciendo mal. Es lo normal cuando vives algo para lo que todavía no hay mapa.


Por qué cuesta tanto: una mirada sistémica


Las familias se organizan alrededor de roles: quién cuida, quién decide, quién llegó primero. Cuando esos roles tienen nombre («madre», «padre», «abuela»), todo el sistema sabe qué hacer y qué esperar. Cuando no lo tienen, cada persona improvisa y hace lo que puede, y aparecen dudas, lealtades cruzadas y malentendidos que son difíciles de entender.


A eso se suma la idea de madre que heredamos de nuestra familia de origen y de la sociedad. Si tu maternidad no se parece a ese modelo, es fácil sentirse perdida o invisible.


En todo esto no hay culpables. Es un reto de toda la familia, y por eso conviene mirarlo en conjunto.


Algunas cosas que ayudan


  • Ponerle palabras. No hace falta una etiqueta oficial: vale una vuestra. Pasa lo mismo con los abuelos: hay familias con tres, y cada uno tiene su nombre: "abuelo", "avi" y "yayo". Hablar en familia de cómo os llamáis, qué hace cada persona y qué espera de las demás ordena mucho.

  • Respetar los tiempos del vínculo. El vínculo con las criaturas se construye en lo cotidiano: rutinas, juego, estar presente. No hace falta forzarlo ni demostrar nada.

  • Hacer sitio a lo que había antes. Honrar la historia previa, también las pérdidas si las hay, no te quita lugar: te lo da.

  • Buscar referentes. Leer, escuchar o hablar con personas que viven algo parecido alivia la sensación de ser la única. Con esa idea hicimos un directo con Elisenda Pascual, de Acompanyament Familiar, sobre maternidades que no tienen nombre. [Puedes verlo aquí →]

  • Pedir acompañamiento. Un espacio terapéutico te ayuda a entender lo que se mueve en ti y en el resto de la familia.


Si te ha resonado


En Me Siento Contigo tenemos Me Siento Mamá, un espacio para acompañar maternidades diversas: en solitario, reconstituidas, no gestantes o sin nombre. No miramos solo lo que te pasa a ti, sino también a tu familia y su historia, porque muchas veces es ahí donde está la clave para encontrar tu lugar.


Si te apetece, puedes empezar por una llamada gratuita de 20 minutos. Nos cuentas tu situación, resolvemos dudas y vemos juntas qué acompañamiento te puede ir mejor.


Que tu forma de maternar no tenga nombre no la hace menos real. Lo que construyes cada día, en los gestos pequeños, ya es un lugar. Y es tuyo.

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