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¿Por qué siempre me enamoro del mismo tipo de personas? Cómo influyen los estilos de apego en la pareja

8 min

Ivet Vidal. Psicóloga infanto-juvenil. Psicoterapeuta familiar y de pareja.

Publicado

21 de julio de 2026

Bibliografía

Nuestro equipo de psicólogas

Seminario impartido por Cecilia Martín del Instituto de Psicología Psicode

Después de conocer los distintos estilos de apego, muchas personas se hacen una pregunta:


"¿Por qué siempre acabo enamorándome del mismo tipo de personas?"


La respuesta no está únicamente en quién elegimos como pareja, sino también en cómo interactúan nuestros estilos de apego.


La compatibilidad de una pareja depende de muchos factores: los valores compartidos, el momento vital, la forma de comunicarse, la capacidad para gestionar los conflictos y, entre ellos, también el estilo de apego. 


Este último no determina por sí solo el éxito o el fracaso de una relación, pero sí puede influir en las dinámicas que aparecen cuando dos personas se vinculan.


Cuando una persona con apego ansioso se encuentra con una con apego evitativo


Esta es, probablemente, una de las combinaciones que más sufrimiento genera en consulta.


La persona con apego ansioso necesita cercanía para sentirse segura. Cuando percibe distancia, miedo o incertidumbre, busca más contacto, más explicaciones y más muestras de cariño.


La persona con apego evitativo, en cambio, suele necesitar espacio cuando la relación se vuelve demasiado íntima. Cuanto más presionada se siente, más necesidad tiene de alejarse.


Sin darse cuenta, ambos empiezan a alimentar el miedo del otro.

Cuanto más busca uno, más huye el otro. Y cuanto más huye uno, más necesita buscar el otro.


Es la conocida dinámica del "gato y el ratón".


Ninguno de los dos quiere hacer daño a la otra persona. Ambos están intentando protegerse del daño que les produce sus heridas de apego.


¿Por qué genera tanto enganche?


Muchas personas se sorprenden cuando descubren que las relaciones que más les han hecho sufrir también son las que más les cuesta olvidar.


Esto no significa que fueran las relaciones donde más amor había.


Significa que eran relaciones donde existía una gran alternancia entre momentos de incertidumbre y momentos de intensa conexión.


Imagina una pareja en la que, después de varios días de distancia emocional y una discusión importante, terminan reconciliándose y teniendo un encuentro muy íntimo y apasionado.


Durante ese momento, el cuerpo experimenta un enorme alivio. Después de horas o días de miedo a perder la relación, disminuye el estrés y el cerebro libera sustancias relacionadas con el bienestar y el vínculo, como dopaminaoxitocina y opioides endógenos. Esa combinación genera una intensa sensación de calma, placer y conexión.


El cerebro aprende entonces una asociación muy poderosa: después de un gran sufrimiento llega una recompensa emocional enorme.


En psicología esto se relaciona con el refuerzo intermitente, un mecanismo por el que las recompensas impredecibles generan un aprendizaje especialmente intenso.


Como el cariño y la tranquilidad aparecen de forma irregular, la persona sigue invirtiendo en la relación esperando volver a experimentar ese alivio.


Muchas personas confunden la intensidad de la reconciliación con la intensidad del amor. Pero no siempre es amor lo que mantiene una relación; a veces es el alivio que siento cuando, por fin, deja de doler y puedo volver a conectar.


Entonces... ¿por qué una relación sana puede parecer aburrida?


Esta es una de las preguntas que más desconcierta a muchas personas cuando empiezan un vínculo con alguien emocionalmente disponible.


Cuando hemos vivido durante mucho tiempo relaciones marcadas por la incertidumbre, la distancia o el miedo a perder al otro, nuestro sistema nervioso se acostumbra a funcionar en un estado de mayor activación.


Por eso, una relación estable y predecible puede sentirse, al principio, extrañamente tranquila. Algunas personas incluso la describen como "aburrida".


No porque realmente falte amor o conexión.

Sino porque, por primera vez, el vínculo deja de mantener activado de forma constante el sistema de alarma.


Nuestro cerebro está acostumbrado a asociar la intensidad emocional con el amor y necesita tiempo para aprender que la seguridad también puede resultar profundamente satisfactoria.


Con el tiempo, muchas personas descubren que aquello que interpretaron como aburrimiento era, en realidad, calma.


Y aprender a disfrutar de esa calma también forma parte del proceso de sanar.


¿Qué ocurre con otras combinaciones?


Dos personas con apego seguro suelen construir relaciones donde existe confianza, comunicación y capacidad para reparar los conflictos sin poner constantemente en peligro el vínculo.


Dos personas con apego evitativo pueden mantener relaciones muy independientes y con pocos conflictos aparentes. Sin embargo, si ambos evitan expresar sus necesidades emocionales, la relación puede acabar siendo distante y poco íntima.


Dos personas con apego ansioso pueden generar relaciones muy intensas y afectuosas, pero también correr el riesgo de vivir con un elevado miedo a perderse mutuamente si no aprenden a regular esa ansiedad.


También existen muchas parejas formadas por una persona con apego seguro y otra con un apego inseguro. En estos casos, la relación puede convertirse en una oportunidad de crecimiento si ambos miembros comprenden sus patrones y están dispuestos a construir nuevas formas de relacionarse.


Más que el estilo de apego en sí, lo que realmente marca la diferencia es el grado de conciencia que cada persona tenga sobre sus propios patrones y su disposición a trabajar en ellos.


La buena noticia


No estamos condenados a repetir siempre el mismo tipo de relaciones.


Conocer nuestro estilo de apego nos ayuda a comprender por qué determinadas personas nos atraen, qué heridas se activan dentro de la relación y qué necesitamos para construir vínculos más seguros.


Una buena compatibilidad no depende únicamente del estilo de apego. También influyen los valores compartidos, la forma de comunicarse, el momento vital y la capacidad de ambos para construir una relación segura.


No buscamos una pareja perfecta.


Buscamos una relación en la que ambas personas estén dispuestas a comprender sus heridas, asumir su parte de responsabilidad y construir, poco a poco, un vínculo más seguro.


En el próximo y último artículo de esta serie veremos si realmente es posible cambiar nuestro estilo de apego y qué papel tienen las relaciones y la terapia en ese proceso.

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